jueves, 28 de abril de 2011

Una mujercita, Louise May Alcott (1832-1888)

Louise May Alcott fue una de les escritoras más brillantes del siglo XIX americano. Sin embargo, de sus más de 300 obras, sobresale una por encima de todas: Mujercitas. No sólo por su calidad, frescura y perfecta escritura, sino porque supone una suerte de autobiografía de Louise. Hay quienes ven en Jo, con ciertos matices, un retrato de ella misma.

Una familia trascendentalista
Louise May Alcott nació en Germantown, Pensilvania el 29 de noviembre de 1832. Sus padres, Amos Bronson Alcott y Abigail May pertenecían a la congregación de la Nueva Inglaterra Trascendentalista y defendían la desvinculación de los bienes materiales como forma de vida.

Concord y Massachusetts fueron las dos ciudades en las que vivieron la pareja y sus cuatro hijas, de las cuales Louise era la segunda.

Louise fue educada por su propio padre, filósofo y profesor y por algunos intelectuales destacados como Henry David Thoreau. Sin embargo, Louise tuvo que compatibilizar su faceta de estudiante con otras tareas para poder ayudar económicamente a su familia. Institutriz, profesora o enfermera fueron algunos de sus trabajos que le dieron, además de un sueldo, un sinfín de experiencias e ideas para sus futuros escritos.

Cuentos y novelas
A los 22 años Louise publicó su primera obra, Flower Fables, una recopilación de cuentos dedicados a Elle, la hija de Ralph Waldo Emerson, escritor, filósofo y uno de los líderes del movimiento trascendentalista.
A partir de entonces empezó a colaborar en varias publicaciones y a escribir novelas. En aquel tiempo, durante la guerra de Secesión, Louise trabajó en un hospital como enfermera. Sus experiencias las plasmó en una serie de cartas a su familia que posteriormente se publicarían todas juntas bajo el título Hospital Sketches (Escenas de la vida de un hospital) recibiendo una muy buena acogida por parte de la crítica.

La fama de Mujercitas
Pero el verdadero éxito llegó con la publicación de Mujercitas en 1868. Es esta obra inmortal, Louise reflejó parte de su vida relatando la de una familia trascendentalista con cuatro hijas. La frescura, el sentido del humor con el que explicó las experiencias de las jóvenes mujercitas, convirtieron la obra en un best seller de la época. Fue tal el éxito que tuvo que Louise escribió varias secuelas en las que continuó explicando la historia de la familia March.

La otra Louise
Pero junto a sus obras de tono más moralizante y políticamente correctas, Louise también escribió historias más apasionadas de amores prohibidos que terminaban en venganzas o tragedias. Estas obras fueron publicadas bajo el pseudónimo de A. M. Barnard.

Una vida de renuncia
Puede que esta otra faceta literaria de Louise fuera una válvula de escape a sus anhelos y deseos más profundos. Porque la joven escritora dedicó su vida a su familia, siendo siempre una hija ejemplar. Louise nunca se casó. Desaparecida su madre, se hizo cargo de su hogar, cuidando de su padre y sus hermanas. La desaparición de su hermana May la dejó al cargo también de su sobrina.

Con una frágil salud que había empeorado durante la Guerra Civil americana, Louise moría el 6 de marzo de 1888. Su gran obra Mujercitas, la hizo inmortal.

Estudio biográfico-grafológico de la escritora

 Su gran obra

Mujercitas, Louise May Alcott

4 comentarios:

  1. Me ha encantado esta entrada, me gusta conocer mejor a las escritoras. ¡Buen fin de semana! Marta

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  2. Gracias Marta, buen fin de semana a ti también!

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  3. La verdad es que sí, que su vida es calcada a la de Jo March, incluso en la muerte de su hermana May (aunque en la novela muriese Beth, y no Amy -cuyo nombre, me acabo de dar cuenta, es un anagrama de May-). La diferencia es que le dio mejor final a su personaje del que parece que tuvo ella, ¿no?

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  4. vaig crèixer, com tantes de nosaltres, amb el llibre "mujercitas" -versión juvenil -, però ja adulta el vaig redescobrir en una nova versió traduïda al català "petites dones"- magnifica - que no tenia res a veure amb aquell "conte" infantil. I l'última versió cinematogràfica és genial! cada any, per Nadal, la meva filla i jo n'em fet una tradició: ens tapem amb unes flaçades, apaguem els llums i la mirem com si fos la primera vegada. Sento, doncs, una gran admiració per l'autora, una dona intel·ligentment i culta que ens va llegar una joia que va sobreviure les "versions infantilitzades". Gràcies, estimada Sandra, un cop més per la teva meravellosa tasca.

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